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LA POLICÍA EN MÉXICO, UNA REALIDAD PREOCUPANTE.

Sin lugar a dudas es preocupante la muerte de Giovanni López, pero es aún más preocupante la frecuencia con la se presentan casos similares de abuso de autoridad y de violación a Derechos Humanos por parte de los elementos de las diversas corporaciones policiales que operan en el territorio nacional.

El problema en México es la falta de preparación y el desconocimiento de quienes fungen como policías, así como de quienes los coordinan y dirigen, el policía promedio carece de los recursos y de las herramientas mínimas para ejercer correctamente sus funciones, pero como ya mencioné no es una deficiencia exclusiva del personal operativo, pues el problema penetra hasta la más profundo y alto del organigrama de la Secretaria de Seguridad Pública y la estructura de gobierno, ahí donde los funcionarios solo saben sacarse la foto en las entrevistas o comunicados de presa, pero que nunca se han preocupado por capacitarse y aplicar lo aprendido.

Es fácil imaginar que al egresar de la academia los nuevos policías se ven limitados por un adiestramiento físico, y quizá una ligera explicación de cómo deben realizar sus labores, explicación que se deteriora hasta desaparecer a los pocos meses de entrar en funciones; tal situación se ve empeorada por el hecho de que la gran mayoría de los policías se siente empoderado por la frase hollywoodense que reza “yo soy la ley”, lo cual interpretan como una verdad, pero lo cierto es que la mayoría de los elementos nunca han estudiado una ley, código o reglamento.

Es así que tenemos en las calles un ejército de agentes que están autorizados para ejercer la violencia en contra de los gobernados, pero que no saben cómo, cuándo, ni por qué hacerlo, lo único que saben es que portan un uniforme, una placa, y un arma de cargo que están dispuestos a utilizar si se presenta la mínima oportunidad, la fórmula perfecta para miles de desgracias.

Tampoco escapa del análisis el hecho de que las instituciones se encuentran formadas en su mayoría por elemento que no cuentan con la vocación, ni el compromiso de servir, que llegaron a la Secretaria de Seguridad Pública por los más diversos motivos, un empleo con prestaciones y requisitos de admisión básicos, falta de otras ofertas laborales, ausencia de estudios técnicos o universitarios, pero sin importar el motivo es indiscutible que no desean estar ahí, porque la verdad de las cosas es que en México la labor del policía no es reconocida, ni es remunerada adecuadamente y si tiene pésimas condiciones.

Entonces tenemos policías sin el deseo de servir, y mucho menos el compromiso de aprender y prepararse, aunado a jefes que muestran poco o nulo interés por incentivar e impulsar a sus subordinados, y si en algún momento surge la propuesta de alguna capacitación, resulta que es impartida por algún compañeros que también es ignorante en el tema, pero que fue comisionados para escuchar una plática y replicarla al resto de la corporación, esto claro sin posibilidad de resolver dudas o aclarar puntos.

Sin importar la causa, el daño a la ciudadanía es innegable, entre prepotencia, detenciones injustificadas e ilegales, actos de tortura, extorsión, apatía, y superiores que ignoran lo mismo o aún más que sus subordinados, la ciudadanía se ve obligada a confiar su seguridad a una institución que parece más un enemigo que un aliado.

México requiere implementar una verdadera solución ante las constantes violaciones cometidas por parte de los agentes policíacos durante el supuesto ejercicio de sus funciones, y esa solución es un cuerpo de policías preparados y comprometidos con el aprendizaje continuo y la evaluación periódica, capaces de entender su marco normativo y de discernir en cualquier situación el mejor proceder dentro de sus atribuciones, conscientes de la posibilidad latente y real de comparecer antes una autoridad superior a rendir cuentas si se extralimitan o son omisos en el cumplimiento con su deber, respetuosos en todo momento de los Derechos Humanos, en aras de ofrecer a la sociedad la certeza de contar con el cuerpo policiaco que garantice su seguridad.

Mientras no logremos un estándar aceptable de profesionalismo en nuestras fuerzas policiales, no nos van alcanzar las manifestaciones y protestas para evitar que casos como el de Giovanni se sigan replicando día con día, porque el punto medular no es exigir justicia para un caso concreto mientras se siguen cometiendo miles de violaciones en contra de nuestros compatriotas, el objetivo es lograr una solución real y dejar de lado los paliativos.

Estoy de acuerdo en que tenemos que exigir a nuestras autoridades, pero debemos poner la vista más lejos, tenemos que evitar la historia de siempre en la que sacrifican a unos cuantos chivos expiatorios y todo se olvida, satisfechos porque “se hizo justicia”, hasta que el próximo caso de abuso salga a la luz, y el ciclo inicie nuevamente.

Es momento de exigir una policía competente y comprometida con la seguridad de la sociedad.

 
 
 

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